Los niños juegan entre ellos, y eso no es sorpresa para nadie. Hay niños que parecen no disfrutar del juego con otros: esa si que es una revelación.
Usualmente, esos niños parecen muy serios, o francamente apagados, y se les llama retraidos. No se puede decir que el niño que no juega es peor o mejor que aquel que lo hace. Solamente es diferente, y probablemente representa una porción importante de la población infantil. Tal vez él, o ella, prefiera estar consigo mismo, a pesar de estar rodeado de otros; no querrá participar espontáneamente de aventuras grupales; se quedará en un rincón, o en medio del ruido y la acción, observando a los demás, generalmente sin mayor expresividad en su cara. Tendrá que ser animado por otros niños, y si eso no ocurriese, se acercará a un adulto en busca de compañía, o protección. Incluso, cuando está consigo mismo, tal vez será silencioso, reflexivo, o se quedará muy quieto.
Y es entonces cuando es necesario hacer una muy importante aclaración: el espíritu juguetón de esos niños retraídos y apartados no es diferente de los otros que se embarcan en la participación o en la expresión. Ellos, en su mente, también están jugando, solo que no lo demuestran abiertamente. De hecho, me atrevería a decir que no existe un niño al que no le guste jugar, así como no existen adultos a los que no les guste reír o estar contentos. Sólo existen aquellos que tienen una alta sensibilidad, o un temor (que, dicho sea de paso, es una emoción humana perfectamente natural). O; esos niños son demasiado conscientes de sí mismos, lo que les hace estar en un constante estado de vigilancia.
Curiosamente, estos niños menos bulliciosos suelen ser los típicos mejores amigos de otros niños, debido a su alta sensibilidad, capacidad de atención, y porque aparecen siempre como disponibles para escuchar o para dar compañía. Como tienen sus sentidos muy abiertos para escuchar sin decir una palabra y para mirar sin mostrarse ellos mismos, llegan a ser muy perceptivos. Y si además son inteligentes, pueden desarrollar una combinación muy potente para "darse cuenta de las cosas", cualidad muy apreciada entre los adultos. Así dicho, es fácil concluir que ser retraido no es lo mismo que ser poco amistoso; la historia de la humanidad está llena de ejemplos de personas muy espontáneas y sociables, pero lamentablemente poco amistosas y nada de solidarias. En la misma forma, este mundo está plagado de casos de personas reservadas y esquivas, pero a la vez muy confiables y bien intencionadas.
Un niño retraído, como cualquier otro, puede estar emocionalmente con problemas, o tal vez no. Ser de un temperamento retraido no es sinónimo de problemas emocionales. Ahora, el niño que sí tiene esta clase de problemas, y que no puede jugar, tiene varias características, y entre las más importantes: tiende a ser agresivo, despectivo y poco solidario; está en un constante vaivén entre participar o no participar, lo que le causa mucha ansiedad. Cuando llega a participar, llega a ser muy autoritario o muy sumiso; su juego no está a tono, o al ritmo, de los otros; le cuesta entender las reglas del juego (que generalmente las hay). Un niño emocionalmente con problemas puede ser del grupo de los retraidos o del grupo de los activos y bulliciosos.
¿Cuáles son las mejores formas de ayudar al niño que emocionalmente no se involucra en el juego?
Fundamental es que entienda las reglas del juego y las respete; y si esto es logrado, animarle a disfrutar del mismo. Enseñarle a compartir, lo que no significa solamente el enseñarle a dar, sino también el que sepa recibir. No aceptarle, bajo ninguna justificación, agresiones hacia los demás, y que tampoco acepte ser agredido; ayudarle, con mucha paciencia, a que maneje su ansiedad, de tal forma que vaya al ritmo de la circunstancias. Y, lo más importante, darle mucho ánimo para que disfrute y lo pase bien, que es la esencia de un juego infantil. Todas éstas, como se leen, son recomendaciones muy generales. Si los conflictos y desencuentros de un niño en el juego permanecen , a pesar que se usaron varias formas positivas y racionales para ayudarle durante un tiempo prudente, es recomendable que ese niño sea evaluado por un profesional en asuntos emocionales. Una de las formas mas apropiadas de ayuda clínica es la Terapia de Juego, la que consiste en exponer al niño a un surtido de posibilidades de juego, en la oficina del terapista, para que este profesional apoye a la resolución de conflictos en ese niño.
¿Cuál es una de las mejores formas de ayudar a un niño retraído?
Simplemente, dándole a entender que él es aceptado, que no hay nada malo con tener un temperamento algo introvertido y privado, y que no es inferior por el hecho de hablar despacio, o por ser de carácter tranquilo.
Al final de cuentas, un niño retraído no es un niño enfermo