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Unidos por la conquista de la Generación Z!!

Ayudándo a los niños después de una Catastrofe


No. 36 (Revisado 7/2004)

Una catástrofe, tal como un terremoto, un huracán, un tornado, un fuego, una inundación o un acto violento es una experiencia aterradora, tanto para los niños como para los adultos. Es muy importante que se explique el evento usando palabras que el niño pueda entender. Los padres deben también reconocer los elementos del desastre causantes del miedo cuando habla con el niño sobre el incidente. El restarle importancia al peligro no elimina las preocupaciones del niño. Hay varios factores que afectan la reacción del niño ante un desastre.

La manera en que el niño ve e interpreta la reacción de sus padres es muy importante. Los niños se dan cuenta de las preocupaciones de sus padres, pero ellos se muestran particulatmente sensitivos durante una crisis. Los padres deben de admitirle a sus hijos que están preocupados y a la vez deben enfatizar sus habilidades para hacerle frente a la situación.

La reacción del niño depende también de la magnitud de la destrucción y/o la muerte que él/ella vea durante y después del desastre. Si un amigo o pariente muere o resulta gravemente herido, o si la casa o la escuela sufre grandes daños, es más probable el niño experimente dificultades.

La edad del niño también afecta cómo el niño reacciona al desastre. Por ejemplo, un niño de seis años puede manifestar su reacción a la catástrofe negándose a ir a la escuela, mientras que un adolescente puede restarle importancia a la tragedia, pero comienza a pelearse constantemente con sus padres o muestra un deterioro en su rendimiento escolar.

Después de una catástrofe, las personas pueden desarrollar el Desorden de Estrés Postraumático (“PTSD- Post Traumatic Stress Disorder”), que es un daño sicológico que puede ser el resultado del haber experimentado, haber sido testigo o haber participado en un evento extremadamente traumático (aterrador). Los niños con este desorden tienen episodios repetitivos en los que vuelven a sufrir la experiencia traumática del evento. Estos niños a menudo tienden a revivir el trauma repitiéndolo en sus juegos. En los niños pequeños, los sueños desconcertados acerca del evento pueden convertirse en pesadillas de monstruos, de rescate a otros o de amenazas hacia sí mismos o hacia otros. El “PTSD” raramente surge al momento del trauma. Aunque sus síntomas pueden comenzar poco después del evento, el desorden a menudo sale a la superficie varios meses o aún varios años más tarde.

Los padres deben de estar alerta a los siguientes cambios en el comportamiento del niño:
  • Negarse a volver a la escuela y un comportamiento de apegamiento, inclusive actuar como la sombra de su mam/papá por toda la casa.
  • Miedos persistentes relacionados con la catástrofe (tales miedos como la separación permanente de sus padres).
  • Disturbios al dormir, tales como pesadillas, gritar dormido y mojar la cama, que persisten por más de varios días después del evento.
  • Falta de concentración e irritabilidad.
  • Asustarse fácilmente, estar nervioso.
  • Problemas del comportamiento, por ejemplo, portarse mal en la escuela o en la casa de manera que no es típica para el niño.
  • Quejas de malestares físicos (dolores de estómago o de cabeza, mareos) para los que no se puede encontrar una causa física.
  • Aislamiento de su familia y amigos, tristeza, apatía, disminución de actividad y preocupación con los eventos del desastre.
La consejería profesional o el tratamiento para los niños afectados por una catástrofe (especialmente para aquéllos que han presenciado destrucción, heridas o muerte) puede ayudar a prevenir o a minimizar el “PTSD”. Los padres que están preocupados por sus niños pueden pedirle al pediatra o al médico de familia que los refiera a un siquiatra de niños y adolescentes.

Para información adicional vea Información para la Familia:
#4 El Niño Deprimido,
#8 Los Niños y la Pena,
#34 Niños con Problemas al Dormir,
#66 Ayudando a los Adolescentes con Estrés,
#70 Desorden de Estrés Postraumático, y
#87 Hablándole a los Niños Acerca del Terrorismo y la Guerra .
Vea también:
Your Child (1998 Harper Collins)/Your Adolescent (1999 Harper Collins).

La "American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP)" representa a más de 7,150 siquiatras de niños y adolescentes quienes son doctores egresados de una escuela de medicina, con por lo menos cinco años adicionales de entrenamiento en siquiatría general (adultos) y siquiatría de niños y adolescentes.

Información para la Familia, en hojas sueltas, pertenece y es distribuida por la "American Academy of Child and Adolescent Psychiatry". No se requiere permiso escrito para reproducir las hojas para uso personal o educativo, pero no se pueden incluir en material que se presente a la venta. Toda la información se puede ver y se puede reproducir del "website" de la "AACAP" (www.aacap.org). Las hojas no se pueden reproducir, duplicar o presentar en cualquier otro "website" de la "Internet" sin el consentimiento de "AACAP". A las organizaciones se les permite crear un vínculo con el "website" de "AACAP" para ciertas hojas en particular. Para comprar la serie completa de Información para la Familia, por favor llame a: "AACAP Circulation Clerk" en el tel. 1.800.333.7636, ext. 131. 
 

El niño deprimido

No. 4 (Revisado 7/04)

No son sólo los adultos los que se deprimen. Los niños y los adolescentes pueden sufrir también de depresión, que es una enfermedad tratable. La depresión se define como una enfermedad cuando la condición depresiva persiste e interfiere con la habilidad de funcionar del niño o adolescente.

Aproximadamente un 5 por ciento de los niños y adolescentes de la población general padece de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención, del aprendizaje, de la conducta, o de desórdenes de ansiedad corren mayor riesgo de sufrir depresión. La depresión también tiende a correr en las familias.

El comportamiento de los niños y adolescentes deprimidos puede ser diferente al comportamiento de los adultos deprimidos. Los siquiatras de niños y adolescentes le recomiendan a los padres que estén atentos a síntomas de depresión que puedan presentar sus niños.

Los padres deben de buscar ayuda si uno o más de las siguientes señales de depresión persisten:
  • tristeza frecuente, lloriqueo y llanto profuso
  • desesperanza
  • pérdida de interés en sus actividades; o inhabilidad para disfrutar de las actividades favoritas previas
  • aburrimiento persistente y falta de energía
  • aislamiento social, comunicación pobre
  • baja autoestima y culpabilidad
  • sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso
  • aumento en la irritabilidad, coraje u hostilidad
  • dificultad en sus relaciones
  • quejas frecuentes de enfermedades físicas, tales como dolor de cabeza o de estómago
  • ausencias frecuentes de la escuela y deterioro en los estudios
  • concentración pobre
  • cambios notables en los patrones de comer y de dormir
  • hablar de o tratar de escaparse de la casa
  • pensamientos o expresiones suicidas o comportamiento autodestructivo
Un niño que jugaba a menudo con sus amigos empieza a pasarse la mayor parte del tiempo solo y pierde interés por todo. Las cosas de las que disfrutaba previamente ya no le dan placer al niño deprimido. Los niños y adolescentes deprimidos dicen a veces que quisieran estar muertos o pueden hablar del suicidio. Los niños y adolescentes deprimidos corren un mayor riesgo de cometer suicidio. Los adolescentes deprimidos pueden abusar del alcohol o de otras drogas tratando de sentirse mejor.

Los niños y adolescentes que se portan mal en la casa o en la escuela pueden estar sufriendo de depresión. Los padres y los maestros a veces no se dan cuenta de que la mala conducta es un síntoma de depresión porque el niño no siempre da la impresión de estar triste. Cuando se les pregunta directamente, los niños algunas veces admiten que están tristes o que son infelices.

El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión es esencial para los niños deprimidos. La depresión es una enfermedad real que requiere ayuda profesional. Un tratamiento comprensivo a menudo incluye ambas terapias, individual y de familia. Por ejemplo, la terapia de comportamiento cognositivo (CBT) y la sicoterapia interpersonal (IPT) son formas de terapia individual que han demostrado ser efectivas en el tratamiento de la depresión. El tramiento puede también incluir el uso de medicamentos antidepresivos. Para ayudarles, los padres deben pedirle a su médico de familia que los refiera a un professional de la salud mental capacitado, quien puede diagnosticar y tratar la depresión en niños y adolescentes.

 

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Los niños y la pena por la muerte de un ser querido

 

No. 8 (Revisado 7/04)

Cuando un miembro de la familia muere, los niños reaccionan de manera diferente a los adultos. Los niños de edad pre-escolar creen que la muerte es temporera y reversible, esta creencia está reforzada por los personajes en dibujos animados que se mueren y reviven otra vez. Los niños de entre cinco y nueve años comienzan a pensar más como los adultos acerca de la muerte, pero todavía no pueden imaginarse que ellos o alguien que ellos conocen pueda morir.

A la conmoción y a la confusión que sufre el niño que ha perdido su hermanito, hermanita, papá o mamá se le añade la falta de atención adecuada de otros familiares que lloran esa misma muerte y que no pueden asumir adecuadamente la responsabilidad normal de cuidar al niño.

Los padres deben de estar conscientes de cuáles son las reacciones normales de los niños ante la muerte de un familiar, así como de las señales que indican que el niño está teniendo dificultad enfrentándose a la pena. Es normal que durante las semanas siguientes a la muerte algunos niños sientan una tristeza profunda o que persistan en creer que el familiar querido continúa vivo. Sin embargo, la negación a largo plazo a admitir que la muerte ocurrió, o el evitar las demostraciones de tristeza, no es saludable y puede resultar en problemas más severos en el futuro.

No se debe obligar a un niño asustado a ir al velorio o al entierro de un ser querido; sin embargo, el honrar o recordar a la persona de alguna manera, como por ejemplo, encender una velita, decir plegarias, preparar un álbum de recortes, revisar las fotografías o el contar una historia, puede ser de mucha ayuda. A los niños se les debe de permitir el expresar su pérdida y pena como ellos crean.

Una vez que el niño acepta la muerte, es normal que manifieste su tristeza de vez en cuando a través de un largo período de tiempo, a veces en momentos inesperados. Sus parientes sobrevivientes deben de pasar todo el tiempo posible con el niño y hacerle saber bien claro que tiene permiso para manifestar sus sentimientos libre y abiertamente.

Si la persona muerta era esencial para la estabilidad del mundo del niño, la ira es una reacción natural. Esta ira se puede manifestar en juegos violentos, pesadillas, irritabilidad o en una variedad de otros comportamientos. A menudo el niño mostrará enojo hacia los miembros sobrevivientes de la familia.

Después de la muerte de un padre o una madre, muchos niños actuarán como si tuviesen menor edad. El niño temporeramente actúa de manera más infantil exigiendo comida, atención, cariño y habla como un bebé. Los niños más pequeños frecuentemente creen que ellos son la causa de lo que sucede a su alrededor. El pequeño puede creer que su papá, abuelito, hermano o hermana se murió porque él una vez cuando tenía coraje deseó que se muriera. El niño se siente culpable porque cree que su deseo se"realizó”.

Los niños con problemas serios de pena y de pérdida pueden mostrar una o más de las siguientes señales:

  • un período prolongado de depresión durante el cual el niño pierde interés en sus actividades y eventos diarios
  • insomnio, pérdida del apetito o el miedo prolongado a estar solo
  • regresión a una edad más temprana por un período extendido de tiempo
  • imitación excesiva de la persona muerta
  • decir frecuentemente que quisiera irse con la persona muerta
  • aislamiento de sus amiguitos
  • deterioro pronunciado en los estudios o el negarse a ir a la escuela

Si estos síntomas persisten, puede que se necesite ayuda profesional. Un siquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud mental capacitado puede ayudar al niño a aceptar la muerte y asistir a los sobrevivientes para que ayuden al niño durante el proceso de pena y luto.

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Niños con problemas al dormir

 

No. 34 (Revisado 7/2004)

Muchos niños tienen problemas mientras duermen. Algunos ejemplos incluyen:
  • Despertarse frecuentemente durante la noche.
  • Hablar mientras duermen.
  • Dificultad en dormirse.
  • Despertarse llorando.
  • Tener sueño durante el día.
  • Tener pesadillas
  • Orinarse en la cama.
  • Rechinar o apretar los dientes.
  • Despertarse temprano.

Muchos de los problemas que los niños tienen mientras duermen están relacionados con hábitos irregulares de dormir o con la ansiedad de irse a la cama y quedarse dormidos. Los desórdenes persistentes al dormir pueden ser también síntomas de dificultades emocionales. La "ansiedad por la separación" forma parte de una etapa crucial en el desarrollo infantil. Para todos los niños pequeños, la hora de acostarse es la hora de la separación. Algunos niños hacen todo lo posible por evitar la separación a la hora de acostarse. Sin embargo, para ayudar a minimizar estos tipos comunes de problemas al dormir, los padres deben establecer rutinas consistentes y regular la hora de acostarse y las rutinas de dormir para los niños. Los padres encuentran a menudo que el bebé se duerme si lo mecen o si recibe alimento. Sin embargo, a medida que crece, los padres deben alentarlo para que se duerma sin mecerlo y sin alimentarlo. Si no, al niño le va a dar mucho trabajo poder dormirse solo.

Las pesadillas son relativamente comunes durante la infancia. El niño se acuerda de las pesadillas, las cuales generalmente conllevan fuertes amenazas a su bienestar. Las pesadillas, que comienzan a distintas edades, afectan a las niñas con mayor frecuencia que a los niños. Para algunos niños/niñas, las pesadillas son serias, frecuentes e interfieren con el descanso al dormir.

Los terrores al dormir (terrores nocturnos), el sonambulismo y el hablar dormido constituyen un grupo relativamente raro de desórdenes del dormir llamado "parasomnias". Los terrores nocturnos son diferentes de las pesadillas. El niño con terrores nocturnos gritará incontrolablemente y parecerá estar despierto, pero está confundido y no se podrá comunicar. Los terrores nocturnos corrientemente aparecen entre los 4 y los 12 años. Los niños sonámbulos parecen estar despiertos mientras caminan por la casa, pero están en realidad dormidos y en peligro de hacerse daño. El sonambulismo generalmente comienza entre los 6 y los 12 años. Tanto los terrores nocturnos como el sonambulismo son comunes en algunas familias y afectan a los niños más que a las niñas. Con frecuencia, los niños con estos desórdenes del dormir tienen un solo episodio o tal vez episodios esporádicos de estos desórdenes. Sin embargo, cuando estos episodios ocurren varias veces por noche, o todas las noches por varias semanas, o interfieren con el comportamiento del niño durante el día, el tratamiento por un siquiatra de niños y adolescentes puede ser necesario. Hay una gama de tratamientos disponibles.

La inversión de los períodos en que se está dormido o despierto puede ocurrir en algunos adolescentes causando problemas con la vida cotidiana. El sueño puede ser también perturbado por los desórdenes del humor, PTSD, el abuso de substancias, el ADHD y la ansiedad.

Afortunadamente, a medida que madura, el niño generalmente supera los problemas comunes del dormir así como los desórdenes más severos (parasomnias). Sin embargo, si los padres creen que el problema es urgente, deben de consultar al pediatra del niño o llamar directamente a un siquiatra de niños y adolescentes.

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Los niños que se niegan a ir a la escuela (Ansiedad por la separación)

Los Ninos que se Niegan a ir a la Escuela (Ansiedad por la Separacion) No. 7

No. 7 (Revisado 7/04)

El asistir a la escuela generalmente es un evento excitante y agradable para los niños pequeños. Para algunos esto conlleva intenso miedo o pánico. Los padres tienen motivo de preocupación cuando el niño regularmente se siente enfermo o pide quedarse en la casa y no ir a la escuela con quejas físicas menores. El no querer asistir a la escuela puede ocurrir en cualquier momento, pero es más común en los niños de 5 a 7 y de 11 a 14 años, momentos en los que los niños están bregando con nuevos retos en la escuela elemental o intermedia. Estos niños pueden estar padeciendo un temor paralizante por tener que dejar la seguridad de la familia y del hogar. Es muy difícil para los padres hacerle frente a este pánico infantil y a la negación de asistir a la escuela, pero estos temores pueden tratarse exitosamente con ayuda profesional.

El negarse a ir a la escuela aparece generalmente después de un período en el que el niño ha estado en la casa en compañía de su mamá o papá y se ha apegado a ellos, por ejemplo, después de las vacaciones de verano, de los días de fiesta, o después de una breve enfermedad. Puede también suceder después de un evento que le produzca estrés, tal como la muerte de un familiar o de una mascota, un cambio de escuela o una mudanza a un vecindario nuevo.

El niño se puede quejar de dolores de cabeza, de garganta o de estómago justo antes de la hora de irse a la escuela. La enfermedad se mejora cuando se le permite quedarse en la casa, pero reaparece a la mañana siguiente antes de ir a la escuela. En algunos casos, el niño se niega por completo a salir de la casa. Como el pánico surge al dejar la casa, y no por estar en la escuela, el niño por lo general está tranquilo una vez que está en la escuela.

Los niños con un temor irrazonable a la escuela pueden:
  • sentirse inseguros si se quedan solos en un cuarto
  • demostrar apegamiento excesivo en su comportamiento
  • demostrar una preocupación o temor excesivo acerca de sus padres o de que puedan hacerse daño
  • ser la sombra de su madre o de su padre en la casa
  • tener dificultad para dormirse
  • tener pesadillas
  • tener un temor exagerado a los animales, monstruos y ladrones
  • temer quedarse solos en la oscuridad
  • pueden tener rabietas severas cuando se les obliga a ir a la escuela

Tales temores son comunes entre los niños con el problema de ansiedad por la separación. Los efectos potenciales a largo plazo (ansiedad y desórden de pánico al llegar a adultos) pueden ser muy serios para un niño con ansiedad por la separación persistente y que no recibe ayuda profesional. El niño puede desarrollar serios problemas escolares y sociales si deja de ir a la escuela y de ver a sus amigos por mucho tiempo debido a los miedos y la ansiedad.

Cuando los temores persisten, los padres y el niño deben de consultar con un profesional de la salud mental capacitado, quien trabajará con ellos para desarrollar un plan para hacer regresar de inmediato al niño a la escuela y a otras actividades. Los niños mayores o los adolescentes que se niegan a ir a la escuela padecen por lo general de una enfermedad más grave y a menudo requieren un tratamiento mas intensivo.

El miedo irracional y el pánico de dejar la casa/padres e ir a la escuela se puede tratar con éxito.

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Como se Puede Ayudar a los Adolescentes con Estres

 

No. 66  (Revisado 01/02)

Los adolescentes, al igual que los adultos, pueden experimentar estrés todos los días y se pueden beneficiar de aprender las destrezas para manejar el estrés. La mayoría de los adolescentes experimentan más estrés cuando perciben una situación como peligrosa, difícil o dolorosa y ellos no tienen los recursos para enfrentarla o abordarla. Algunas de las fuentes de estrés para los adolescentes pueden incluir:

  • las demandas y frustraciones de la escuela
  • los pensamientos y sentimientos negativos sobre sí mismos
  • los cambios en sus cuerpos
  • los problemas con sus amigos y/o pares en la escuela
  • el vivir en un ambiente/vecindario poco seguro
  • la separación o divorcio de sus padres
  • una enfermedad crónica o problemas severos en la familia
  • la muerte de un ser querido
  • el mudarse o cambiar de escuela
  • el llevar a cabo demasiadas actividades o el tener expectativas demasiado altas
  • los problemas finacieros de la familia.
Algunos adolescentes se sobrecargan con el estrés. Cuando ello sucede, el estrés manejado de manera inadecuada puede llevar a la ansiedad, el retraimiento, la agresión, las enfermedades físicas, o destrezas inadecuadas para confrontarlo tales como el uso de las drogas y/o del alcohol.

Cuando se percibe una situación como difícil o penosa, ocurren cambios en nuestras mentes y nuestros cuerpos que nos preparan para responder ante el peligro. El responder "peleando, huyendo o congelándose" incluye un aumento en los latidos del corazón y en el número de veces que se respira, aumenta la cantidad de sangre que fluye hacia los músculos de los brazos y de las piernas, se enfrían y sudan las manos y los pies, se revuelve el estómago y/o se siente terror o pavor.

El mismo mecanismo que crea la respuesta al estrés lo puede terminar. Tan pronto decidimos que una situación ya no es peligrosa, pueden ocurrir cambios en nuestra mente y en nuestro cuerpo que nos ayudan a relajarnos y a calmarnos. Esta "respuesta relajante" incluye la disminución en los latidos del corazón y de la respiración y una sensación de bienestar. Los adolescentes que desarrollan la "respuesta relajante" y otras destrezas para manejar el estrés se sienten menos indefensos y tienen más alternativas cuando responden al estrés.

Los padres pueden ayudar a sus adolescentes de las siguientes maneras:
  • Determinando si el estrés está afectando la salud, el comportamiento, los pensamientos o los sentimientos de su adolescente.
  • Escuchando cuidadosamente a los adolescentes y estando pendiente a que no se sobrecarguen.
  • Aprendiendo y modelando las destrezas del manejo del estrés.
  • Respaldando la participación en los deportes y otras actividades pro-sociales.
Los adolescentes pueden disminuir su estrés con los siguientes comportamientos y técnicas:
  • Haciendo ejercicios y comiendo con regularidad
  • Evitando el exceso de la cafeína la cual puede aumentar los sentimientos de ansiedad y agitación
  • Evitando el uso de las drogas ilegales, el alcohol y el tabaco
  • Aprendiendo ejercicios de relajación (respiración abdominal y técnicas de relajación de los músculos)
  • Desarrollando el entrenamiento de destrezas afirmativas. Por ejemplo, expresando los sentimientos de manera cortés, firme y no de manera muy agresiva ni muy pasiva: ("A mí me da coraje cuando tú me gritas". "Por favor, deja de gritar".)
  • Ensayando y practicando las situaciones que le causan estrés. Un ejemplo es el tomar una clase de oratoria, si el hablar frente a la clase le pone ansioso
  • Aprendiendo destrezas prácticas para enfrentarse a la situación. Por ejemplo, divida una tarea grande en porciones pequeñas, que sean más fáciles de realizar
  • Disminuyendo el hablarse de manera negativa a sí mismo: rete los pensamientos negativos sobre usted mismo con pensamientos neutrales o positivos. "Mi vida nunca será mejor" se puede transformar en " Yo puedo sentirme ahora desesperanzado, pero mi vida probablemente mejorará si yo trabajo para ello y consigo alguna ayuda"
  • Aprendiendo a sentirse bien haciendo un trabajo competente o "suficientemente bueno" a cambio de demandar perfección de si mismo y de otros
  • Tomando un descanso de las situaciones que le causan estrés. Las actividades como escuchar música, hablar con un amigo, dibujar, escribir o pasar un rato con una mascota ("pet") pueden reducir el estrés
  • Estableciendo un grupo de amigos que puedan ayudarle a hacer frente a las situaciones de manera positiva.
Mediante el uso de éstas y otras técnicas, los adolescentes pueden comenzar a manejar el estrés. Si un adolescente habla acerca de, o muestra indicios de que está demasiado tenso, una consulta con un siquiatra de niños y adolescentes o con un profesional de la salud mental capacitado puede ser de gran ayuda.
 

Los Niños que se Quedan Solos en la Casa

 

No. 46 (Revisado 12/00)

Todos los días miles de niños llegan de la escuela a una casa vacía. Todas las semanas miles de padres deciden dejar a sus hijos solos en la casa para ir a trabajar, hacer recados o por compromisos sociales. Se estima que más de un 40% de los niños se quedan solos en la casa en algún momento dado, aunque muy raramente pasan la noche solos. En las situaciones más extremas, algunos niños pasan tanto tiempo solos, sin sus padres, que se les clasifica como "niños de llave" ("latch key children"), refiriéndose a la llave de la casa o apartamento que visiblemente llevan colgada al cuello.

La película popular "Solo en la casa" (Home Alone) y su secuencia, presenta las destrezas de un niño para sobrevivir de manera muy humorosa pero poco realista. La realidad que enfrentan los niños que se encuentran solos es muy diferente. Hay muchos asuntos y peligros potenciales que deben considerar los padres antes de exponer al niño a esa situación. Los padres deben de considerar lo siguiente:
  • la edad del niño
  • la definición paterna de "las reglas y expectativas"
  • cómo ponerse en contacto con los padres u otros adultos (por ejemplo, números de teléfono)
  • situaciones potencialmente peligrosas (por ejemplo: emergencias médicas, fuego, el alcohol, las drogas, personas desconocidas, armas de fuego, etc.)
  • cuándo y cómo deben de contestar el teléfono o el timbre de la puerta
  • el uso del teléfono, 911 para emergencias
  • el uso de la computadora ("internet")
  • amigos y visitantes que vienen a la casa
  • las responsabilidades hacia los hermanos
  • cómo pasar el tiempo no estructurado (por ejemplo, mirar televisión, videos, etc.)
  • el acceso a canales de televisión por cable para adultos, grupos de charlas en la "internet" y los "web sites" de adultos.
No se puede generalizar acerca de cuándo se puede dejar a un niño solo en la casa. Muchos estados tienen leyes que hacen a los padres responsables de la supervisión de sus hijos. Los adolescentes mayores tienen, por lo general, suficiente sentido de responsabilidad para quedarse solos por períodos limitados de tiempo. Los padres deben de considerar el nivel de madurez del niño y la evidencia pasada sobre su comportamiento responsable y buen juicio. Cuando un niño está listo para quedarse sólo, se debe de comenzar con un período de tiempo muy corto (ej.: 1 hora) e irlo aumentando gradualmente.

Los padres deben de hablar con sus hijos para prepararlos a enfrentar cada uno de los asuntos o problemas potenciales antes enumerados. Además, los padres deben de asegurarse de que la casa esté libre de peligros y amenazas, y deben de desarrollar y ensayar un "plan de emergencias" con sus niños. Además, los padres deben enseñarles a los niños cuáles son las precauciones importantes para la seguridad (ej: cerrar las puertas, cómo tratar con visitantes desconocidos que vengan a la casa, el uso de las hornillas, etc.).

El quedarse solo en la casa puede ser aterrador y es una situación potencialmente peligrosa para muchos niños y adolescentes. Los padres deben de tratar de limitar el tiempo que los niños están solos en la casa. Los padres deben de preparar por adelantado a los niños indicándoles cómo hacerle frente a las situaciones que puedan surgir.
 

Los Niños y la Violencia en la Televisión

 

No. 13 (Revisado 4/99)

Los niños miran televisión por un promedio de tres a cuatro horas diarias. La televisión puede ser una influencia poderosa en el desarrollo de un sistema de valores y en la formación del comportamiento. Desgraciadamente, una gran parte de la programación actual es violenta. Cientos de estudios sobre los efectos de la violencia en la televisión en los niños y los adolescentes han encontrado que los niños pueden:
  • volverse "inmunes" al horror de la violencia
  • gradualmente aceptar la violencia como un modo de resolver problemas
  • imitar la violencia que observan en la televisión
  • identificarse con ciertos caracteres, ya sean víctimas o agresores
Los niños que se exponen excesivamente a la violencia en la televisión tienden a ser más agresivos. Algunas veces, el mirar un sólo programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que miran espectáculos en los que la violencia es muy realista, se repite con frecuencia o no recibe castigo, son los que más tratarán de imitar lo que ven. Los niños con problemas emocionales, de comportamiento, de aprendizaje o del control de sus impulsos puede que sean más fácilmente influenciados por la violencia en la TV. El impacto de la violencia en la televisión puede ser evidente de inmediato en el comportamiento del niño o puede surgir años más tarde y la gente joven puede verse afectada aun cuando la atmósfera familiar no muestre tendencias violentas.

Esto no indica que la violencia en la televisión sea la única fuente de agresividad o de comportamiento violento, pero es ciertamente un factor contribuyente significativo.

Los padres pueden proteger a los niños de la violencia excesiva en la televisión de la siguiente manera:
  • prestándole atención a los programas que los niños ven en la televisión y mirando algunos con ellos
  • estableciendo límites a la cantidad de tiempo que pueden estar mirando televisión; considerando quitar el televisor del cuarto del niño
  • señalándoles que, aunque el actor no se ha hecho daño ni se ha muerto, tal violencia en la vida real resulta en dolor o en muerte
  • negándose a dejar que los niños miren programas que se sabe contienen violencia y cambiando el canal o apagando la televisión cuando se presenta algo ofensivo, explicandoles qué hay de malo en el programa
  • no dando su aprobación a los episodios violentos frente a sus hijos, enfatizando la creeencia de que tal comportamiento no es la mejor manera de resolver un problema
  • contrarrestando la presión que ejercen sus amigos y compañeros de clase, comunicándose con otros padres y poniéndose de acuerdo para establecer reglas similares sobre la cantidad de tiempo y el tipo de programa que los niños pueden mirar.
Los padres deben de también tomar ciertas medidas para prevenir los efectos dañinos de la televisión en temas tales como los asuntos raciales y los estereotipos sexuales. La cantidad de tiempo que los niños miran televisión, sin importar el contenido, debe de ser moderada, ya que reduce el tiempo para que los niños lleven a cabo otras actividades de mayor beneficio, tales como leer y jugar con sus amigos, y desarrollar aficiones. Si los padres tienen dificultades serias estableciendo límites, o mucha preocupación sobre cómo su niño está reaccionando a la televisión, ellos deben de ponerse en contacto con un psiquiatra de niños y adolescentes para una consulta y ayuda.
 

Los Niños y el "Internet"

 

No. 59 (Revisado 4/98)

Tanto los adultos como los jóvenes piensan que las computadoras son una fuente de información exacta y confiable. El número creciente de servicios de conexión en línea (on line services) y el acceso al Internet le ha añadido una nueva dimensión al uso de la computadora moderna. A través del "modem" de la computadora y de una línea de teléfono, los niños tienen acceso a una cantidad infinita de información y tienen la oportunidad para la interacción. Sin embargo, puede haber riesgos reales y peligros para el niño que no tiene supervisión.

La mayor parte de los servicios de conexión les proporcionan a los niños recursos tales como enciclopedias, noticieros, acceso a bibliotecas y otros materiales de valor. Ellos pueden usar la computradora para comunicarse con sus amigos y para jugar. La capacidad de ir de un lado a otro con un solo "click" de la computadora le atrae a la impulsividad, la curiosidad y a la necesidad de gratificación inmediata o realimentación que tiene el niño.

La mayoría de los padres advierten a sus hijos que no deben de hablar con personas extrañas, o abrirle la puerta a un desconocido si están solos en la casa y que no deben darle ninguna información a cualquiera que llame por teléfono. La mayoría de los padres también controlan dónde van a jugar sus hijos, cuáles programas de televisión deben de ver y los libros y revistas que ellos leen. Sin embargo, muchos padres no se dan cuenta de que el mismo nivel de supervisión y orientación se debe de proveer para el uso de las conexiones en línea.

Los padres no deben de suponer que los servicios de conexión en línea protegerán y supervisarán a los niños. La mayor parte de las "salas de conversación" (chat rooms) o los "grupos de noticias" (news groups) no están supervisados. Dado que los "nombres de pantalla" (screen names) o seudónimos son completamente anónimos, los niños no pueden saber si están "hablando" con otro niño o con alguna persona pervertida que aparenta ser un niño o adolescente. Contrario a las personas que vienen a la casa o a las cartas que vienen por correo, los padres no pueden ver a las personas que conversan en las "salas de conversación", o leer los mensajes que vienen por "correo electrónico" (e-mail). Desgraciadamente, puede haber consecuencias serias para los niños si son persuadidos de que den información personal (por ejemplo, nombre, teléfono, dirección, contraseña) o si se han puesto de acuerdo con alguien para conocerlo en persona.

Otros riesgos y problemas incluyen:
  • Fácil acceso para los niños a áreas que no son apropiadas o son abrumadoras,
  • Información "en línea" que fomenta el odio, la violencia y la pornografía,
  • Anuncios clasificados intensivos que engañan y bombardean al niño con ideas noscivas,
  • Invitación para que los niños se inscriban para ganar premios o se unan a un club que requiera proveer información personal o del hogar a fuentes desconocidas, y
  • El tiempo que se pasa frente a la computadora es tiempo perdido para el desarrollo de las destrezas sociales.
Para ayudar a los niños a tener experiencias "en línea" seguras y educativas, los padres deben de:
  • Limitar el tiempo que pasan los hijos "en línea" y "navegando" en el Internet.
  • Enseñarle a los niños que hablarle a los "nombres de pantalla" en una "sala de conversación" es lo mismo que hablarle a desconocidos o a extraños.
  • Enseñarle al niño que nunca debe darle información personal que lo identifique a otra persona o "sitio" en el Internet.
  • Nunca darle al niño el número de su tarjeta de crédito o cualquier otra contraseña que se pueda usar para comprar cosas en línea o para tener acceso a servicios o "sitios" (website) inapropiados.
  • Enseñarle al niño que nunca se debe de ir a conocer en persona a alguien a quien conoció en línea.
  • Recordarle que no todo lo que ve o lee "en línea" es verdadero.
  • Usar las modalidades de control que su servicio de conexión en línea le ofrece a los padres, y obtener uno de los programas comercialmente disponibles que permiten que los padres limiten el acceso a las salas de conversación, los grupos de noticias y otros sitios no apropiados.
  • Proveerle una dirección, "e-mail", sólo si su hijo es lo suficientemente maduro para controlarla; supervisar periódicamente los mensajes que manda y recibe y planificar su actividad "en línea".
  • Enseñarle al niño a que use la misma cortesía que usa al hablar de persona a persona para comunicarse en línea; que no use malas palabras, lenguaje vulgar o profano, etc.
  • Insistir en que el niño obedezca las mismas reglas cuando use otras computadoras a las que tenga acceso como, en la escuela, biblioteca, o en casa de sus amigos.
Los padres deben de tener presente que las comunicaciones "en línea" no prepararán al niño para las relaciones interpersonales reales. Si usted inicialmente dedica tiempo para ayudar al niño a explorar los servicios de conexión y si participa periódicamente con él mientras usa el Internet tendrá la oportunidad de supervisar y encaminar el uso que hace su hijo de la computadora. Además, ambos tendrán la oportunidad de aprender juntos.
 

Referencias

 

En este enlace pueden encontrar el listado de temas de interés Academia Americana de Siquiatria para Niños y Adolescentes